Para Recordar y Recomendar-Campos y Estancias

La formación de estancias

1º entrega

Según versa en un artículo publicado en los Anales de la Sociedad Rural

Argentina, la aparición de la primera marca de ganado, en el año 1589, inició

la tendencia de algunos pobladores a terminar con el salvajismo de las vaquenas’

y desear establecerse en los campos, es decir, «estacionarse», hacer

«estancia» en un sitio determinado. Estanciero, por lo tanto, designa al que hace

y tiene estancia (Gutiérrez,1947:549).

Esa primera estancia, según Gutiérrez, se llamó «trinchera» o «caramanchel».

y consistía en un cuadrilátero de tierra (otorgado en donación, composición o

merced por el Rey), rodeado por un foso abierto para evitar la entrada de los

indios en ataque. En el interior se levantaba un primitivo rancho de paja y

cuero, como población. La tarea era la de formar rodeos de ganado vacuno con

el fin de explotar la carne, el cuero, la grasa y el sebo con destino a los

saladeros y abastos de las ciudades. Para ello, se debía contratar a un grupo de

hombres para que saliera a buscar el ganado por los confines de la estancia.

Tanto la palabra «estancia» como «estanciero», según Juan Carlos Garavaglia

(1993:184), se fueron cargando de distintos significados según el tiempo y el

lugar, aunque siempre estuvieron vinculados a las unidades y actividades prolductivas de tipo pastoril’.

En nuestro país, la palabra «estancia» pasó a designar a aquél establecimiento

basado en una «abundante cantidad de tierra, grandes rebaños de

ganado, pocos brazos y baja inversión en activos fijos» (H.Sábato,1989:130).

Esto llevó a identificar a los «estancieros» con los «criadores». Pero, según lo

pone de relieve Juan Carlos Garavaglia (1987 y 1993) al analizar las categorías

ocupacionales de los censos coloniales correspondientes a 1789 (Areco Arriba)

y 1815 (San Isidro), bajo la categoría de «estancieros» también se englobaba a

propietarios, arrendatarios, ocupantes de tierras realengas o de dueños

desconocidos y agregados en tierras de vecinos.

La otra palabra que aparece teniendo prácticamente la misma connotación

es la de «hacendado». y si bien para el resto de América Latina (en especial

México y el mundo andino), la palabra «hacienda» designa a las grandes

unidades de producción, propiedad de hombres ricos y poderosos, en la región

pampeana designaba al ganado mayor y menor.

También es necesario recalcar que, para algunos de estos historiadores, la

estancia no sería la unidad de producción preponderante en la campaña colonial

rioplatense. Pues además de las estancias ganaderas, existía un sinnúmero

de chacras agrícolas, productoras de cereales para el abasto del mercado

urbano (Garavaglia,1989:565)4. Esto no impedía que las estancias ejercieran

algún tipo de agricultura (con chacras incorporadas a su hinterland productivo)

y que las chacras, a su vez, también tuvieran susanimales. Y que ambas, incluso,

pudieran combinar la producción fruto-hortícola.

Estarealidad que muestran los censos, las alcabalas y los diezmos para el

período colonial, permiten hablar de un gran sector «campesino» compuesto

por pastores y labradores superior al de los «estancieros». Suscaracterísticas es

que no son propietarios de la tierra, hacen uso de la fuerza de trabajo familiar

y poseen una cierta capacidad de acumulación. La preponderancia de este sector

hace dudar a Garavaglia (1994:117) sobre el dominio de las estancias en el

sentido de ser la mayoría de los establecimientos productivos de la campaña,

englobar a la mayor parte de la población rural y ser el origen de la mayor parte

del producto agrario.

Solo un 11 por ciento de la superficie del planeta corresponde a suelos con potencial agrícola. La lucha contra la erosión siegue siendo el gran desafío.

Cada 7 de julio se celebra el Día Internacional de la Conservación del Suelo, establecido en 1963 en la Argentina por decreto de la Presidencia de la Nación en memoria del Dr. Hugh Hammond Bennet, creador del Servicio de Conservación de Suelos estadounidense, quien visitó nuestro país en reiteradas ocasiones y realizó un importante trabajo de investigación y concientización sobre la calidad del recurso local.

«De la larga lista de regalos de la naturaleza para el hombre, ninguno es tan esencial para la vida humana como el suelo», afirmaba Hammond Bennet.

También decía: «La historia es en gran medida un registro de la lucha humana para arrebatar la tierra de la naturaleza, porque el hombre depende del sustento de los productos del suelo. Tan directa es la relación entre la erosión del suelo, la productividad de la tierra y la prosperidad de las personas, que la historia de la humanidad, al menos en un grado considerable, puede interpretarse en términos del suelo y lo que le sucedió como el resultado del uso humano».

Según un relevamiento reciente del INTA y el Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua (PROSA) de la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC), en el último cuarto de siglo los procesos de erosión hídrica y eólica avanzaron hasta ocupar un 36 % del territorio nacional, lo que representan 100 millones de hectáreas, distribuidas en áreas agrícolas de la región húmeda y subhúmeda y, también, en la zona semiárida y árida con bosques nativos y pastizales.

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