La importancia del suelo en nuestras vidas

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Al conmemorarse, el 7 de julio, el Día Internacional de la Conservación del Suelo, establecido en memoria del fallecimiento del Dr. Hugh H. Bennett, considerado el padre de la conservación de los suelos, creemos necesario resaltar la importancia del suelo en nuestras vidas.

Se trata de un recurso no renovable que provee el medio y el sustento para el crecimiento de las plantas, empleadas luego para alimentar nuestro ganado, elaborar nuestros alimentos, producir fibras textiles y biocombustibles. A partir del suelo también se elaboran materiales como ladrillos y biopolímeros. Nos abastece de agua y aire puro actuando como filtro de contaminantes y también de otros servicios ecosistémicos, como el ciclado de nutrientes, la provisión de antibióticos y medicamentos, de espacios de recreación y refugio, la regulación del clima y el calentamiento global al retener carbono.

En el mundo existen muy pocos suelos con buena calidad productiva, es decir, aquellos con características y condiciones adecuadas para cumplir dichas funciones y producir alimentos de calidad en cantidad suficiente sin elevar los costos de producción. Todos ellos cuentan con una característica muy importante: su fertilidad, en la cual están implicados procesos físicos, químicos y biológicos. El contenido de materia orgánica es el indicador universal para determinar el estado y funcionamiento de dichos procesos, está compuesta por restos de plantas y animales en diferente grado de descomposición y resulta fundamental para una adecuada estructuración del suelo y provisión de nutrientes a los cultivos. La buena estructura permite el correcto ingreso y circulación de agua y aire, así como el crecimiento y exploración de las raíces de las plantas, y un correcto balance de nutrientes contribuye a mantener los niveles de materia orgánica y fertilidad química.

El hombre ejerce efectos sobre la capacidad productiva del suelo, algunos negativos y con carácter irreversible como la erosión, que es la pérdida de volumen de suelo. Asimismo, el uso irracional provoca la alteración gradual de sus propiedades provocando disminución o pérdida de su calidad, lo que se conoce como degradación. Algunos procesos degradativos pueden ser corregidos a través de las buenas prácticas productivas, como mantener el suelo cubierto la mayor parte del tiempo, evitando los barbechos largos a través de la inclusión de cultivos de cobertura, la rotación de cultivos y la conservación de los rastrojos en superficie bajo sistemas de labranzas de mínima o nula remoción del suelo (siembra directa). Mantener el nivel de fertilidad a través de la incorporación de nutrientes con fertilizantes, abonos y/o compostas es otra medida incluida en el paquete de buenas prácticas agrícolas, las cuales en conjunto buscan lograr un mejor aprovechamiento de los recursos productivos disponibles -luz, agua y nutrientes- para producir alimentos sin generar impactos negativos en el ambiente.
En resumen, es importante incorporar conceptos de producción intensiva sostenible ya que como dijera Bennet “el suelo productivo es el fundamento de la agricultura perdurable sin la cual no existe la prosperidad ni el progreso”.

Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) – Casilda

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